
La Hora del planeta
El pasado sábado, ciudades de todas partes del mundo apagaron sus luces por una hora, no fue casualidad, ni mucho menos un evento de la naturaleza, se trató de La hora del planeta.
Australia y Nueva Zelanda fueron los primeros en asistir al apagón mundial de 60 minutos, convocado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) por cuarto año consecutivo.
Sucesivamente, a medida que el reloj iba marcando las 20.30 horas, el resto del mundo se fue sumando, en esta defensa del medioambiente. Concluyó en las islas Cook, después de haber pasado por 25 husos horarios diferentes. 4.000 ciudades de 125 países del mundo se unieron a la campaña
La convocatoria surgió en el año 2007 en Australia. 2,2 millones de personas decidieron apagar la luz durante una hora. Al año siguiente, la iniciativa se extendió a otros países y alcanzó la cifra de 50 millones de personas.
La iniciativa no deja de ser buena en sus intenciones. Pero me pregunto: ¿qué pasará después de los 60 minutos?, los organizadores seguro responderán: “No se trata de ahorrar energía sino de sensibilizar a la población de la importancia de luchar contra el cambio climático ( Miguel Ángel Valladares, director de comunicación de WWF)”. O “La ‘Hora del Planeta’ es una llamada de atención para que la gente se involucre a nivel mundial”.
No dejan de tener razón, y es el mérito que para mi tiene éste acontecimiento, como también es cierto la frase que alguien apuntó: “un gesto es un símbolo; mil millones de gestos es una acción global”.
Aún asi, mi pregunta sigue latente en mi mente: ¿Por qué una hora?, ¿por qué no cuidar y salvar al planeta todos los días?. ¿Qué pasó en Copenhague?, Qué hacen los gobiernos de los países desarrollados, artífices principales de este peligro global?. ¿Cuántos más Copenhague perdidos y sin respuestas?.
Apagamos las luces, si, ¿y luego, cuando terminen los 60 minutos y las ciudades se enciendan?.
Sujetarnos a la Hora del planeta por si sola, no soluciona el problema. La opción es tomar medidas urgentes por todos los gobiernos, lograr un acuerdo para la reducción de emisiones, comprometer a los países industrializados para financiar en los países en vías de desarrollo las acciones de mitigación y de adaptación, entre otras tantas.
Nuevos hábitos de consumo, ahorro de agua y energía, separación de la basura, cuidado del medio ambiente, que no se disipen como los 60 minutos de oscuridad olvidados con el encendido de las luces.
Hagamos de cada día La hora del planeta, una opción justa y necesaria.
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